¿Cómo gestionar las rabietas infantiles?

Las rabietas infantiles: una expresión emocional intensa y a menudo mal entendida

Las rabietas infantiles son una expresión emocional ante las contrariedades. Pueden aparecer de muy pequeños, a los 2 o 3 años, cambian su manifestación según la edad (desde llantos y gritos a echar cosas en tierra o dar golpes) y varían en intensidad y frecuencia según la personalidad del niño. Como padres nos dejan desarmados, atónitos, sin saber como responder. A menudo, con la sensación que nuestro hijo/a tiene un mal comportamiento y nos desautoriza, hecho que nos preocupa.

Las rabietas pueden aparecer por múltiples razones. Aun así es habitual que ante un “no” el niño/a manifieste su rabia y desconcierto. También debemos pensar que hay situaciones injustas que generan rabia y es normal que así lo manifiesten, en este caso hay que respetarlo y aceptar la emoción como correcto. Otro factor que determina es el carácter de cada niño, que puede influenciar en la expresión y la intensidad en que manifiesta la rabia. A continuación detallaré algunas de las cosas importantes a hacer y a tener en cuenta ante una rabieta.

¿Qué hacer ante una rabieta?

Lo más importante ante las rabietas es saber ante qué tipo de rabietas estamos. El Doctor Daniel J. Siegel autor del libro “El cerebro del niño” (libro que recomendamos a todos los pares/madres) nos puede ayudar a diferenciarlas. Encontraremos dos tipos básicamente:

  1. Rabietas como medio para conseguir algo que el niño/a desea. Si le diéramos al niño/al que quiere, la rabieta se pararía.
  2. Rabietas donde el niño/a está en colapso emocional y no es capaz de tranquilizarse por si mismo. Es igual el que hagamos, el niño/a se muestra descontrolado/a.

¿Cómo actuar delante de cada tipo de rabieta?

La forma de actuar de los pares/madres ante cada una de ellas tiene que ser diferente.

  • En las rabietas del tipo 1 es importante que no cedamos a lo que piden. Nunca. Es habitual que cedamos para que los gritos o los llantos se paren, pero haciendo esto aprenden que pueden conseguir el que quieren comportándose como lo han hecho. Con sólo que cedamos un día ya sabrán que sí funciona, esto significa que la conducta de las rabietas perdurará. Se trata pues de mantenernos firmes, pero de forma respetuosa. Podemos dar una breve explicación (“ya sé que quieres un helado, pero ahora no te lo puedo dar”) y a partir de aquí tranquilizar al niño/a con nuestra presencia, pero sin ceder a sus deseos. También, en los casos de niños más pequeños (2-3 años), podemos intentar llevar su atención hacia otro estímulo que actúe como distractor.
  • En el caso de las rabietas de tipos 2, veremos a un niño/a que ha perdido los papeles y es incapaz de controlar su cuerpo y sus emociones. Serían situaciones del tipo: se les rompe un juguete y la frustración que esto supone les hace entrar en desesperación emocional; una pelea entre hermanos donde uno hace algo que molesta al otro. Como veis en estas situaciones la rabieta no es un medio para conseguir nada, sino una expresión emocional descontrolada.
    • En este tipo de rabietas es importante tener claro que hablar y dar explicaciones no nos servirá de nada. Lo que queremos es ayudar a que el niño/a aprenda a gestionarse emocionalmente. En ese momento que el niño/a está enfurecido, se tiene que respetar, no gritarle, no discutir, ni castigarlo. Hay que acompañarlo en la rabieta, dejar que se exprese, conectando con él/ella con contacto físico cariñoso y un tono de voz calmado.
    • Se trata de acompañarlos sin criticar la forma de expresar su frustración y rabia. Una vez veamos que el niño/a ya se ha calmado, podemos reconducir su comportamiento: aplicar consecuencias si lo creemos necesario y pedir que se disculpe si lo que ha hecho ha afectado a otras personas.

¿Qué hacer cuando la rabieta se dan en público?

Cuando la rabieta aparece en público la situación se vuelve todavía más incómoda. Es importante pero, en la medida que se pueda, que la expresión de rabia salga. A veces tenemos la tendencia de esconderlo, y a menudo en el intento que deje de comportarse mal nosotros también perdemos los papeles. Se entiende que cuando se está en público es difícil llevarlo a cabo.

Una buena solución es apartarlo de la situación social, salir fuera, a la calle, si se está en una tienda, o en un restaurante, salir de un grupo si se está haciendo un juego, etc. También así se evita el refuerzo social que pueden tener las rabietas. Con esto me refiero a que la gente se  acerque, lo calme, le pregunte cosas sobre todo cuando estamos en una rabieta de tipo 1, puesto que es una manera que le hagan caso.

¿Estamos haciendo algo mal?

Es habitual que ante estas conductas como padres nos preguntamos qué es el que hemos hecho mal, o qué estilo educativo le estamos implementando. Las rabietas en si no son una conducta inapropiada, son una reacción emocional, que no podemos negar ni evitar. Nosotros como adultos también sentimos rabia, la diferencia es que ellos lo están aprendiendo a gestionar, a comprender y entender.

A menudo ni ellos saben qué les pasa. Lo importante es ayudarlos a gestionarlas y a comprenderlas. Las rabietas se pueden convertir en una conducta problemática cuando aprenden a conseguir el que ellos quieren a través de esta conducta, o bien cuando obtienen algo positiva que sin esta conducta no hubieran obtenido.

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Maria Costa Bosch

Psicóloga Infanto-juvenil. Col. núm.17280

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