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VIVIR HOY EN PAREJA: WHATSAPP, FACEBOOK Y OTROS LÍOS…

Las redes sociales puede llegar a ser un dolor de cabeza para las parejas actuales si no aprenden a gestionarlas para que no afecten negativamente a su relación.

Pareja y redes sociales

Una pareja joven acude a terapia. Ella comienza: «me ha sido infiel, ¡le he pillado unos whatsaps de coqueteo con una compañera de trabajo! Ahora estoy constantemente mirándole el teléfono, no puedo evitarlo. No puedo volver a confiar en él». Él por su parte explica que no ha sido para tanto, un coqueteo inocente para seguir sintiéndose atractivo… Desde ese momento le tiene que decir constantemente donde está. «Me agobia, no para de mandarme whatsapps a ver que estoy haciendo y si no le contesto al momento me monta un pollo…». Después explican que como pareja tienen muchas peleas desde hace un tiempo. Él para no discutir prefiere callarse, esto a ella todavía le irrita más.

Un matrimonio acude a una sesión de terapia. El marido muy enfadado explica: “se hizo amiga de un exnovio suyo en Facebook  y él le empezó a mandar fotos insinuantes. Yo me enfadé mucho y le pedí que lo quitase, pero ella se negó». A esto ella contesta que no entiende porque él tiene que estar fisgoneando su muro, es algo privado. Ahora ha quitado al exnovio como amigo de su Facebook. “Él se ha cabreado aún más porque cree que es admitir que existía algo”.

Desconfianza, celos y redes sociales

Los problemas de desconfianza, los celos, las infidelidades, la obsesión por el control son algo tan viejo como las relaciones. Hoy en día, con el uso de las redes sociales, estas dificultades de pareja adoptan nuevas formas. Las parejas de hoy en día tienen que aprender a gestionar el uso de estos nuevos medios, establecer nuevas reglas: ¿Permito que mi compañera vea mi Whatsapp o mi Facebook? ¿Tengo derecho a indagar en el suyo? ¿Exponemos nuestra relación en la red o la mantenemos como algo privado?

Vivimos una época donde las necesidades individuales predominan y el nivel de compromiso que ponemos dentro de las relaciones es menor que en generaciones anteriores. Hoy en día las parejas suelen tolerar menos los conflictos. Delante de las dificultades, se preguntan si no será mejor partir peras e ir cada uno por su lado con más facilidad.

Cuando en una relación explota un conflicto importante, a menudo pueden aparecer sentimientos de rabia, dolor, rencor e incomprensión mutua. Si esta situación no se resuelve y se mantiene en el tiempo, se produce un enfriamiento y distanciamiento emocional. En un escenario así, las redes sociales dan muchas opciones, por ejemplo, para buscar consuelo en alguna nueva relación ‘virtual’ que nos vuelva a hacer sentir que seguimos siendo deseables.

Hacer de detective: el control.

Por otra parte, cuando la desconfianza se instaura en la relación, las redes facilitan la tentación de ‘perseguir’ al otro en la red. Tenemos mil opciones para buscar indicios que nos confirmen que las sospechas que nos atormentan son reales. Podemos ver a quien ha puesto “likes” nuestra pareja, a qué horas sigue conectado al whatsapp, si ha leído o no mis mensajes, qué amigos nuevos tiene en Facebook, etc. Hay personas que gastan mucha energía y tiempo en estas búsquedas detectivescas, en vez de afrontar el problema directamente.

Volvamos a los ejemplos iniciales de las dos parejas. Nos podemos plantear las siguientes preguntas: ¿el problema son las redes sociales en sí? ¿Es posible que haya algún conflicto latente que no se haya resuelto? ¿Son estos contactos con terceros una forma de buscar a alguien con quien sentirse importante porque ya no se sienten así con su pareja? ¿Son un intento de llenar el deseo egocéntrico de sentirse deseados de nuevo?

¿Qué puede haber detrás del coqueteo virtual?

Normalmente en terapia de pareja cuando profundizamos un poco nos damos cuenta que existen conflictos no resueltos, los cuales salen a la luz a través de estos incidentes. Es decir, muchas veces estos contactos o deslices virtuales con terceros son la punta del iceberg de un conflicto inicial el cual no se ha resuelto.

En algunos de estos casos nos encontramos con tipos de personalidades que, aún estando en pareja, necesitan constantemente sentirse atractivas y deseadas. Seducen a otros para que les devuelvan una imagen donde todavía son deseables. Para estas personas, las redes sociales plantean una facilidad para encontrar muchos otros dispuestos a entrar en una relación de coqueteo mutuo.

En el fondo es una manera más de no afrontar los problemas «reales» que tienen en casa. Mientras  fantasean con una nueva persona que idealizan, no se enfrentan a las dificultades de tener una relación a largo plazo basada en el compromiso mutuo. En estos casos la renuncia que supone estar en pareja no se puede integrar y se mantiene en forma de coqueteo o se consuma en forma de infidelidad.

En otros casos, que suceda un incidente de este tipo es una muestra, como decíamos antes, que existe algún conflicto no resuelto. Este conflicto puede ser de muchos tipos y estar centrado en una dinámica de pareja no resuelta o en un dilema personal no resuelto. Sea como sea, debemos tener en cuenta que aquello que no resolvemos acaba emergiendo de alguna forma.

El compromiso de estar en pareja

Estar en pareja implica un compromiso con otra persona, lo cual implica renunciar a ciertas cosas. Es decir, si me comprometo en un relación monógama con otra persona esto supone no poder tener más relaciones. El compromiso tiene unas ventajas: sentirte unido a otra persona, saber que alguien está pendiente de ti, apoyo, tener un compañero/a de viaje, compartir experiencias, etc., pero también puede suponer aceptar unas renuncias.

Algunas personas se comprometen aparentemente, pero no quieren aceptar las renuncias que este tipo de compromiso implica. Esto puede dar lugar a juegos con terceros y coqueteos que las redes sociales facilitan.

Sinceridad con el otro y con uno mismo/a

Como resumen podríamos decir que los tiempos marcan las relaciones humanas. Cada época supone un reto y nuevas dificultades para las relaciones de pareja.  Nuestra época supone el paso de un modelo anterior centrado en el predominio de la familia a otro nuevo más individualista, donde los proyectos personales son lo prioritario. A esto se le suman las redes sociales, las cuales pueden servir para alimentar los deseos individuales por encima de los comunes si se les da ese uso.

En este contexto cada pareja tiene el reto de conseguir conjugar los deseos y proyectos personales propios con los de pareja, no desplazando los conflictos a otros terrenos. Se trata de ser sinceros no solo con la pareja, sino con nosotros mismos.

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Pablo Quiroga Vicuña. Col. 14679

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